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El visitante “El poeta es un espía de dios.”
Cuando el invierno vele los fantasmas azules de la niebla en el barrio y ya sean memoria la mudanza, el entierro del gorrión, el domingo, y los libros se callen en las estanterías para que vuelva sin temor el grillo del hogar, fugitivo de un distante verano, preguntará al olvido dónde se oculta el espía del tiempo, en qué relojería, en qué almanaque, en qué caja de música abandonada por un niño y junto a cuál de las sutiles ventanas del crepúsculo donde sólo hacia adentro puede asomarse uno la saudade construye sus delicados puentes.
y desde qué clavel del aire o qué alga marina, o qué arpa de Harpo Marx apareciendo en un desván, de súbito, el porvenir –que es poeta- nos mira.
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